miércoles, 31 de octubre de 2012

AHÍ ESTAS TÚ

-Has ido hoy a clase de civil?- Es lo único que Javi necesito decir para que Alejandra se quedara boquiabierta mientras se perdía en sus ojos oscuros y su media melena despeinada.

-Perdona, no quería molestarte-
-No, tranquilo, es que me has sorprendido, nada mas-

Javier vivía en las afueras de Madrid, conducía un Golf  todos los días para ir a la universidad donde cursaba derecho. Alejandra, madrugadora y ejemplar, hacía la misma distancia en tren, esperaba en la puerta a ver pasar su coche, y juntos se escapaban por los pasillos de la facultad.
Pasaban el día perdidos en las tripas de esa ciudad, a veces corriendo por los túneles del metro, resonando sus ecos por las escaleras, otras saboreando cada segundo despacio. Las estatuas los miraban con envidia, y ellos se reían en sus caras, viviendo cada segundo ese algo que les pertenecía, ese algo que era suyo.
-Un día te llevaré lejos.

Salió temprano esa mañana, a hurtadillas, apoyando ligeramente la punta del pie para no emitir ningún sonido, la mochila escondida en el zapatero, y la cara somnolienta.
El frío se apodero de ella nada mas cruzar la puerta. La ciudad aún dormía, y el silencio se sentía en el alba.
Dobló la esquina y allí la estaba esperando. Apoyado en el coche, apurando un cigarro. No pudo reprimir una sonrisa al verla. -Eres lo mejor que me ha pasado-

Se fueron lejos, muy lejos, hacia el norte. Se perdieron en la nieve de las montañas. Se calentaron al abrigo de un refugio, al arrullo de una chimenea que fue testigo esa noche de sus cuerpos desnudos, de su pasión, de algo tan intenso que el mismo mundo parecía resquebrajarse.

Pero llegó el lunes, y con él, el invierno. Fue cruzar la puerta y una bofetada atravesó su cara dejándola enrojecida. Su padre no entendió que su niña había dejado de serlo, y no estaba dispuesto a echar por tierra  el futuro que la había preparado. Él, que tanto había trabajado para darle unos estudios, que sabía lo que era sentir diciembre en mitad de la nada, cómo podía consentir que ella tirara su porvenir por la borda, por ese muchacho, por ese capricho. No.

Ella hizo de niña obediente e hija ejemplar. Los teléfonos fueron enmudeciendo, las estatuas envejecieron, los ecos dejaron de resonar, y la distancia fue aumentando hasta que sólo quedo silencio. Amargo y espeso silencio.


Hoy me he sorprendido pensando en tí. Hacía tiempo que no me pasaba, aunque reconozco que lo hago a menudo, mas de lo que debiera, mas de lo que necesito. Supongo que algo tan intenso deja marca. Es cierto eso que dicen que nunca se olvida del todo, siempre queda algo, la nostalgia, el recuerdo, no lo se.
Este tren me devuelve cada día a una rutina que me entretiene, que me da para vivir cómodamente  perdido en su anonimato, observando mil historias que comienzan a esta hora de la mañana, absorto en los paisajes que me ofrece Madrid a través de su ventana. Adormilado, esperando la próxima estación.

-Perdona- Me arrebata un niño del pensamiento al que estaba sumido.

-Mi mama dice que te llamas como yo-

Una exhalación se apodera de mi. Alzo la vista y...


4 comentarios:

  1. Precioso! ¿autobiográfico?

    Ay... cómo idealizamos siempre las historias que no llegaron a ser o acabaron prematuramente :/

    Besos!

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    1. Si, yo soy el padre de ella. Jajaja

      No, pero el que mas y el que menos tiene una historia de estas que contar.

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  2. La nieve, un refugio, el fuego de una chimenea... Si el amor "se empeña" en unir dos personas, no hay padre ni destino que los separe.
    Me ha encantado, me llevo una sonrisa.

    Besos.

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    1. El destino, no deja de ser un juego.

      Me alegro, te la envuelvo para que te la lleves.

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