domingo, 7 de octubre de 2012

El Probador


Íbamos a hacer la compra semanal y ya vamos por la tercera tienda de ropa. Te sigo absorto entre galerías de perchas, pasillos con miles de prendas de diferente colores, sin prestar atención, mirando alrededor, observando a las personas que deambulan al igual que nosotros, desperchando, volviendo a perchar, una y otra vez, todo me parece igual.

Presto atención a la gente, observo como los hombres nos comportamos de la misma forma, arrastrándonos detrás de nuestra pareja, asintiendo a la conversación o sujetando el bolso como aquel grupo que se arremolina en la entrada del probador, sin prestar atención ninguna, sólo esperando.
De repente un pensamiento cruza mi cabeza, me niego a convertirme en un sujetabolsos, en un ente aburrido que pierde su tiempo a la espera de sacar la tarjeta para irse de una santa vez. No, no seré uno mas, me niego a unirme al club.

Se desliza hacia en probador. Aprovecho para dar una vuelta y ver que me encuentro. Empiezo a imaginarla, ella estaría sorprendente con esta camiseta. Siempre me han parecido muy sensuales sus hombros, el azul la favorece muchísimo, estoy seguro que la sentaría perfecta. Acto seguido buscó una falda para combinar, mmm casi nunca usa minifaldas, es una pena con las piernas tan bonitas que tiene, quizás sea hora de que eso cambie. Me decido por una minifalda blanca, la tela vaquera simula unas arrugas, coloco las dos prendas juntas y la veo con ellas puestas. Mas de un hombre se daría la vuelta para observarla.

Me dirijo al probador. -Cariño, pruébate esto, creo que te quedaría muy bien. Una mano aparece entre la cortina que se arremolina, cogiendo la ropa que he escogido.

Pasado unos minutos observo el resultado, a un aviso suyo me cuelo dentro del probador. La observo frente al espejo, está preciosa, la queda realmente bien.

-No crees que la falda es muy corta? las palabras cruzan mis oídos sin recalar en mi cabeza, estoy absorto por la imagen que me devuelve el espejo. Me acerco a ella posando mis manos en su cintura, inspirando el olor que desprende. Observo como la camiseta cae despreocupada por su pecho y no puedo remediar posar mis labios en su cuello. -Estas preciosa- susurro mientras mis manos empiezan a reconocer su cuerpo. Me responde con una sonrisa mientras cierra los ojos cediendo a mis caricias, girando el cuello, entregándomelo  No puedo evitar morderlo, la sangre me empieza a hervir y en un movimiento rápido consigo darla la vuelta, tenerla frente a mis ojos. A un lado el espejo, al otro mi cuerpo completamente excitado. Mi cadera aprisionando la suya, mi lengua buscando urgentemente la suya, mis manos memorizando de nuevo ese cuerpo que me encanta, que me enciende. Empiezo a deslizarme por el mientras sus manos se pierden en mi pelo. Llego a tu cintura, la beso sensualmente dejando un rastro húmedo de un lado a otro. Desabrocho el botón que ciñe la falda a tu cadera, y acto seguido se rinde a tus pies, mientras me situo frente a tu ropa interior respirándote, sintiéndote, excitándome. Mis dedos deslizan la tela por tus muslos y mi lengua se pierde en tu sexo, mientras mis ojos se cruza con los tuyos.

-Cariño, esta falda está hecha para tí, pero ahora está mejor en el suelo.

2 comentarios:

  1. Con todo el morbo que me da el sexo en un sitio público, es curioso que si pienso en un probador se me baja la libido. Tendría que probar, pero no sé yo.
    Ahora que llegados a ese punto que narras, pues sí, la falda queda genial en el suelo.

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  2. Llegados a ese punto creo que daría igual el probador que cualquier otro sitio.

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