domingo, 31 de agosto de 2014

UNA HISTORIA DE VERANO

Me pedíais volver con una historia, y una traigo. Es una historia de amor real, puro, del más sincero que he podido conocer, y por supuesto, triste, como casi todas las historias de amor.

Ocurrió este verano, hace apenas un mes, en una playa de Huelva cerca de las seis. Me encontraba cobijado en la sombrilla, bien provisto de agua y pertrechado de gusanitos. Delante de mí estaba ella, jugando con las conchas que encontraba en la arena, protegida del sol, esperando que cayese la tarde para darse su baño en la bajamar.

Aburrida giró la cabeza, fijando su mirada en él. Permaneció inmóvil, quieta, observándole. Tenía la piel morena, oscurecida por el sol y de mirada clara. Se acercó con su ofrenda, las conchas más bonitas que ese día había recolectado, y pronunció unas palabras que no logré entender, no soy diestro en idiomas, pero que surgieron efecto.

Sentados en la misma toalla pasaron la tarde. Hablaron, rieron e incluso tuvieron tiempo de discutir, y a última hora de la tarde, juntos se encaminaron hacia el mar. No se separaron ni un momento hasta cerca de las ocho, cuando cada uno, en brazos de su madre, miraba como el otro se alejaba rompiéndosele el corazón.