sábado, 21 de marzo de 2015

EL SECRETO

Un secreto os debo, y he estado pensando en que podía ser, si mis deseos mas oscuros, como ver las piernas de Lobezna, o a María con sus mallas, o desvelar la procedencia de mi nombre.
Pero he decidido dejar esas cosas para el siguiente premio, así que os traigo mi secreto en forma de historia para que me conozcáis mejor, y esta vez, no tendréis que preguntaros cuanto de verdad hay en ella, porque ya os digo que es completamente cierta.


Todo sucedió hace mas años ya de los que me gustaría admitir. Teníamos una relación de amistad pero con esa conexión que a veces surge, esa complicidad. Yo entraba en su casa, ella en la mía y nos poníamos al día de lo acontecido la noche anterior, a partir de perdernos de vista. Ella normalmente porque se hacia al chico que quería, y yo, digamos, que fui mas de filosofía de barra.
La admiraba. Admiraba su forma de sentir, de vivir, conservando cada segundo, y teniendo muy claro que primero era ella, sin importarle que opinaban los demás, siendo el tema de conversación de todas las reuniones. Fue  objeto de todas las criticas, todas por envidia, y yo siempre la defendí, alegando que mas le gustaría a mas de uno vivir como lo hace ella, o liarse cada noche con alguien distinto.

Vivía el momento y lo disfrutaba, es lo que me atraía de ella, y admito que me atraía mucho. No estaba pillado pero si que deseaba ser yo el protagonista alguna noche. Como suele pasar, nunca lo fui hasta el día que quien desapareció fui yo. A partir de ahí empezó el tonteo, empezó ese puntito de descaro, esa sonrisa y ese calor, hasta que una noche, durante las vacaciones de navidad, nos liamos, acabando en su casa y en su cama.
Al día siguiente, aparecí como siempre, me senté como siempre, pero nada era como siempre, aunque tardé en darme cuenta. Los temas de conversación que sacaba tenían monosílabos como respuesta, y el tiempo se detuvo pero de una forma como nunca me imaginé. Cuando vi que era mucho mejor que me fuera, me fui, despidiéndome cortésmente y cruzando la puerta. Cuando nos juntamos con el resto de gente, aunque nos habían visto juntos esa noche, todos se sorprendieron de que ni me mirara a la cara, y mucho menos hablarme, y yo realmente, no comprendí esa reacción.

Volví a la universidad y paso el tiempo. La llame por teléfono, pero fue peor, los monosílabos seguían ahí, y cuando regresé al próximo puente, esa misma noche se lío con otro chico, asegurándose de que la viera ya que, incluso, me miró a los ojos, dejándome claro que lo nuestro ni era serio ni era exclusivo. No me importo. Nunca entendió que yo no buscaba exclusividad, ni ser el único, ni amor eterno, pero si una relación y disfrutar de su intensidad el tiempo que durara. Cuando se dio cuenta que se había creído lo que no era, fue de la misma forma que empezó todo, cuando yo empecé una relación con otra chica. Pasó el tiempo y vinieron problemas, ella no me defendió cuando tuvo que hacerlo y definitivamente me fui.

No nos volvimos a hablar hasta esta pasada noche vieja, en la que una mano se enredó en mi cabeza, y una sonrisa me dijo; -Tienes menos pelo-, a lo que la mía contestó: -y tu, mas canas-.